Cómo cambiaron los hábitos de los consumidores por la crisis: segundas marcas, compras mayoristas o en ferias

El cambio de retórica del Gobierno respecto de la inflación y la caída del salario real en 2016 dieron a luz una nueva raza de consumidores: uno racional, infiel y que no teme penalizar a sus marcas favoritas. La tendencia golpea especialmente a las de primera línea.

 

Con o sin dinero en el bolsillo, los consumidores se han vuelto más selectivos: están castigando, como pocas veces en la historia, a las marcas que suben precios por encima de ciertos valores de referencia. Esta nueva actitud, en parte, explica el retroceso de las primeras marcas alimenticias, y la fuerte caída en las ventas en consumo masivo y otros rubros como indumentaria. En cambio, los argentinos se vuelcan casi sin reparos a segmentos en los que convalidan los precios, en especial entre bienes dolarizados, como autos, motos, turismo, materiales para la construcción y el canal mayorista.

 

“Precios convalidados” podría ser el nombre del nuevo paradigma de consumo en el país, según media docena de expertos consultados por El Cronista. La “hiper-sensibilidad” a los precios no solo se da en el segmento de bajos recursos, sino también en las clases media y media alta, que eligen no comprar un producto o cambiar de marca cuando entienden que su proveedor habitual “pasó la línea” de tolerancia. A su vez, los expertos analizan que esta actitud se da en todos los canales y comenzó en 2016, cuando el Gobierno empezó a definir a la inflación como un “cáncer”.

 

Todo cambió en diciembre de 2015. La gente se despertó y está muy atenta a las variaciones de precios, entendió que tiene un rol clave y un poder real para validarlos. Cada vez más, y en especial este año, los consumidores comparan todo el tiempo entre productos de la misma categoría, sin importar el nivel de ingresos y castigando cuando la marca se mueve de los parámetros históricos de precios.

 

En el nuevo ideario, los consumidores convalidan los precios cuando su marca preferida no se aleja de sus parámetros históricos: “Quien compra en la casa tiene sus parámetros de referencia y, cuando ve que una marca se alejó mucho de su competencia y hay una brecha ancha de dispersión, entonces castiga”, resalta Filipponi. Esto impactó de lleno en las marcas líderes y, en especial, las que sostenían desde hace años la “estrategia de shock”, por la que aumentaban sus precios en forma considerable una vez durante el año y, el resto de los meses, subían lentamente.

 

En este contexto, las cifras de muestran que solo 30% de las primeras marcas logró crecer en este contexto. Al resto no les alcanzó con mantener su posicionamiento histórico de precios para sostener el nivel de ventas y tuvieron que hacerse más competitivas para ganar. “Hay relación inversamente proporcional entre volumen y precio; las primeras marcas que menos aumentaron los precios lograron capitalizar volumen, mientras que aquellas que quedaron desposicionadas en precio perdieron terreno”.

 

Drama alimenticio

 

Desde Nielsen Argentina, Facundo Aragón, Industry leader, reconoce que las grandes cadenas siguen sin repuntar, aunque sus últimos datos, de mayo pasado, indican una “importante desaceleración de la caída que venían arrojando los primeros meses del año”. ¿La razón? “Un enfriamiento en los aumentos de precios promedio ponderados”, además de los “desafíos de coyuntura” en un escenario de “reacomodamientos a nuevas bases”. Los datos arrojados por la Canasta Nielsen muestran una caída del 6,4% en mayo, en comparación con el mismo período del año anterior. Al margen del impacto subjetivo de los precios, el experto dice que en especial se debe a la “pérdida del poder de compra”.

 

Para Nielsen, el precio ha sido, es y será un factor importante en la decisión de compra, y su importancia varía entre categorías y luego, dentro de las mismas, entre las marcas: “Para cada producto, los consumidores tienen en su mente un precio máximo o un umbral de precio por el que pagarían. Este límite no suele ser el mismo para todos. Dependiendo de su afinidad y el nivel de necesidad con esa categoría, sumado a la valorización de la marca y del producto por parte del consumidor, estos umbrales pueden variar. En un contexto como el actual, donde la restricción presupuestaria es más elevada, los consumidores están más atentos a estos límites de precios; analizan más hasta donde están dispuestos a pagar por cierto producto”.

El porqué de los mayoristas

La tendencia también explica en parte el “boom” de los mayoristas. Hoy, el 30% de los hogares de la Ciudad y el GBA realiza compras en este canal. Según Nielsen, más de la mitad de los hogares compra en ellos de forma semanal y lo que más se adquiere son alimentos básicos. Aragón dice que se viene detectando un consumidor mucho “más informado”, que tiene a mano “los medios y la tecnología” para enterarse de las promociones y es permeable a las opiniones de otros usuarios.

Por su parte, Alberto Wilensky, especialista en marketing, sostiene que lo que ocurre en la actualidad es que “los consumidores le están prestando mayor atención a los precios ya que están siendo más cuidadosos en sus consumos y nivel de gastos”. En tal sentido, cuando este comportamiento se instala en la mente de los consumidores, se constituye en una especie de filtro para todas las decisiones.

La realidad actual muestra que es indistinto el nivel de ingresos de las familias, todo el segmento se ha visto en urgencia por buscar nuevas formas de estructurar su esquema de gastos, definir prioridades, eligiendo nuevas marcas y canales. Desde este punto de vista, Wilensky remarca que se constituye en un modelo de comportamiento de compra que “no queda definido por la diferencia entre los distintos segmentos socioeconómicos y responde por sobre todo a una segmentación de naturaleza actitudinal”.

Aquí se abre una puerta a una dimensión que, que surge de la sensación subjetiva de estar comprando barato o caro, de la tranquilidad subjetiva de pensar que se está ahorrando y, en el caso de algunas promociones u ofertas, como el 2×1, que generan al consumidor la percepción de estar realizando “una buena compra”.