Historias: son emprendedoras, tienen más de 60 y hoy venden sus productos en el free shop de Ezeiza

Esta crónica demuestra que no hay edad para agudizar el ingenio y buscarle la vuelta a proyectos novedosos.  María Josefina Moix y Horacio Aguirre se dedicaron a fabricar regalos empresariales toda su vida. Hace un año y motivados por su hija, los jubilados lanzaron una línea de fundas para valijas. A los 6 meses recuperaron su inversión y ya piensan en expandirse.

A pesar de su melomanía, hay una tarea profesional que María Celia Piccoli, gerente de producto de Sony Music, disfruta aún más que la de promocionar música: viajar. Fue así, mientras cruzaba España subida a un tren, que tuvo la idea que se convertiría en su actual segundo trabajo –y en el primero de sus padres como jubilados–. Ellos tres fueron quienes lanzaron, un año atrás, la marca de fundas para equipaje Quiero mi valija. Hoy, y luego de recuperar su inversión inicial de $ 80.000 tras su primer semestre de actividad, sus productos ya se venden en el free shop del aeropuerto internacional de Ezeiza.

 

“Siempre que me voy de viaje, ya sea por motivos personales o laborales, en avión o en tren, la única parte que me pone mal es el tema del equipaje; no me relajo hasta que lo veo”, confiesa la hija de María Josefina Moix (64) y Horacio Aguirre (69). Fue ella quien les expresó a sus padres la inquietud que llevaría a los tres a fundar su propia empresa familiar. “Tres años atrás, durante un viaje por trabajo, una aerolínea me rompió la valija. Compré una nueva y a la semana otra línea aérea me volcó aceite en la nueva. Después de eso, y mientras viajaba en tren por España, pensé: ‘Hay que hacerle algo a la valija tradicional; no va más la cintita de colores o el moño rojo que le ponemos todos para distinguirlas”, recuerda.

 

A su regreso, después de pasar por Migraciones y Aduana, Piccoli se encontró con Moix y Aguirre y le dijo a la primera: “Haceme algo para la valija”. “Ella pensó que era una locura mía del momento, pero cuando me empezó a hacer la funda, todos mis amigos empezaron a pedir la suya”, cuenta la ejecutiva discográfica.

 

Aunque Moix es psicóloga, su única hija asegura que es de ella que heredó su gusto por la música, la creatividad y la voluntad de “jugarse” por un proyecto. “Junto a mi papá son dos remadores eternos; ellos se dedicaron siempre, entre otras cosas, a hacer regalos empresariales, y mi mamá se la pasaba inventando cosas con distintos géneros y armando decoraciones temáticas para Pascua o Navidad”, explica la directora de Sony Music.

 

Motivados por el interés que había generado el proyecto en su entorno, Piccoli y sus padres comenzaron a probar telas en busca de una que pudiera resistir tantos a los golpes como a la humedad, pero que no fuera difícil de doblar y guardar. Con una primera línea fabricada con lycra gruesa de origen nacional, los tres emprendedores se presentaron en la Feria Internacional de Turismo 2016.

 

“Nos fue bárbaro y nuestro stand tuvo mucha repercusión. Con todo el “boca en boca” más el apoyo de artistas con quienes trabajé y que se coparon con el producto, distintas empresas nos empezaron a pedir que les hiciéramos fundas para sumar a sus kits de regalos. Entonces una amiga mía de toda la vida me empezó a ayudar en la producción, trajimos telas de Nueva York y creamos una colección especial inspirada en Barcelona”, rememora entusiasmada la ejecutiva devenida en emprendedora.

 

Las fundas estándar de Quiero mi valija van de los $ 600 a los $ 800 y son de tela de malla lavable. “Queremos hacer piezas únicas pero que además sean útiles, por eso probamos que nuestro producto pase los controles de los aeropuertos más estrictos, como los de Rusia”, aclara Piccoli.

 

En febrero pasado, su emprendimiento sumó otro punto de venta distinto al de su tienda online: el free shop de Ezeiza. “Surgió porque la gente del aeropuerto vio la funda durante uno de mis viajes y me preguntaron dónde la había conseguido porque les gustaba la calidad”, explica la hija de Moix y Aguirre, que agrega: “Esto nació de una necesidad y de golpe se transformó en un negocio, porque a los 15 días ya nos estaban pidiendo que repongamos stock y ofreciéndonos posicionar al producto en otras bocas de expendio que manejan ellos”.

 

Con la ayuda de distintos talleres y 5 empleados, los fundadores de Quiero mi valija intentan acompañar la inesperada demanda.

Según la gerente, trabajar en familia tiene tantas cosas malas como buenas. “Los domingos al mediodía se debate siempre sobre telas y pedidos; pero ver a mis viejos tan motivados con todo esto es muy gratificante. No se imaginaron que iba a pasar, que a sus 64 y 69 años iban a empezar algo de cero e iba a terminar así”, asegura, mientras que para finalizar, concluye: “Lo mejor es la combinación de su sabiduría con las ideas frescas del resto del equipo, conformado por gente muy joven; ellos calman nuestras ansiedades con su experiencia”.