Celebración del Miércoles de Ceniza en el Templo Parroquial, ante una multitud de fieles

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En la noche de ayer (1º/3), tuvo lugar en el Templo Parroquial la celebración del Miércoles de Ceniza durante la Misa presidida por el Padre Claudio Mosca. El Miércoles de Ceniza es el primer día de la Cuaresma en los calendarios litúrgicos católico, protestante, y anglicano. Se celebra cuarenta días antes del inicio de Semana Santa, es decir, del Domingo de Ramos. La ceniza es elaborada o extraída de los Ramos Benditos de la Semana Santa anterior, es decir, los del Domingo de Ramos. Estos se incineran y de ahí sale la Santa Ceniza.

En el culto católico la imposición de la ceniza es realizada por el sacerdote sobre los fieles. El sacerdote suele hacer una cruz con la ceniza en la frente de los fieles o dejar caer un poco de ceniza en su cabeza. En el caso de los clérigos se puede aplicar en la tonsura. Mientras lo hace puede emplear una de las siguientes frases extraídas de las Escrituras:

1. Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida (Gén. 3:19)

2. Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás (Gn. 3,19)

3. Arrepiéntete y cree en el Evangelio (Mc. 1,14-15).

Tras la lectura del Evangelio según San Mateo, el Padre Claudio expresó en su Homilía: “Iniciamos con esta Eucaristía el itinerario cuaresmal. Lo hacemos junto con toda la Iglesia, respondiendo a una invitación de Dios que a través del profeta nos exhorta a volver a El. Nos invita a reconciliarnos, y este camino debe tener una actitud penitencial. Esto no significa un aspecto negativo, que tenga que ver con el castigo. Este recorrido lo haremos procurando encontrarnos con la misericordia de Dios (…) La Cuaresma es tiempo de esperanza, porque nos conduce a la Pascua. Debemos preparar el corazón y predisponernos interiormente y ponernos en una actitud de escucha ante la Palabra de Dios. Tenemos que descubrir en el rostro de cada uno de nosotros, el rostro mismo del Señor. El rico está sumergido en la opulencia y en la vanidad, en la altanería y la soberbia, y no tiene lugar para el que está necesitando ayuda, como fue el caso de la parábola de Lázaro. Pero cuando el rico y el pobre tengan la experiencia de la muerte, un paso que indefectiblemente todos vamos a dar, en el Más Allá, el rico descubre que Lázaro recibe bienes, y él se queda con las manos vacías. Al pudiente se le cerraron las puertas del Cielo, porque él antes cerró las puertas de su casa y de su corazón”.