El impacto inflacionario fija un límite a la discusión sobre el aumento de tarifas

(Por Walter Brown)
La administración macrista se encontró con un triple déficit a su arribo a la Casa Rosada, que pretendió atacar con la quita de subsidios y la recomposición de las tarifas de los servicios. Durante la gestión anterior, creció el rojo fiscal alimentado, en gran parte, por el incremento de las importaciones de energía. Las mismas que aumentaron el desbalance comercial y solo resultaron un paliativo para la situación de emergencia que atraviesa el sector. Con empresas cuasi quebradas e infraestructura en estado precario, el Gobierno supuso que el descongelamiento tarifario incentivaría a las empresas a desembolsar las inversiones necesarias para recomponer los servicios, activar la producción de energía y achicar así las compras al exterior. Pero la magnitud de la suba y la falta de pulso para medir su impacto, alimentaron el cuarto déficit que Macri heredó de la era K y que hoy condiciona a su gobierno: el descontrol de la inflación.

Es evidente que la Argentina necesita modificar su matriz energética para alimentar la demanda creciente de la población. También lo es que, mientras ese largo proceso se lleva a cabo, se debe recuperar a las compañías que intervienen en toda la cadena de distribución de gas y electricidad, para evitar los cortes de suministro que se llegaron a convertir en moneda corriente del paisaje metropolitano. Pero en el debate entre las urgencias y las necesidades, la pérdida de poder adquisitivo del salario por un índice de inflación que orilla el 40% anual marcó un límite para Macri. Hoy, con el consumo parado y la economía sin reactivarse, el Presidente sabe que la suerte de su gestión estará íntimamente ligada a la posibilidad de revertir el rojo de los bolsillos.

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