LOS AUMENTOS Y LA INFLACIÓN NOS AGOBIAN

En los últimos meses, los argentinos hemos recibido la ingrata noticia de un aluvión de aumentos en los servicios públicos, tales como luz, gas, agua y transporte. Se argumenta que ello significará un ahorro para el Estado por la quita de subsidios que se estaban otorgando a las empresas privatizadas. No obstante, entendemos que estos incrementos, que en algunos casos superan el 300 %, son a todas luces excesivos e imposibles de sostener para una familia tipo. También uno de resiste a creer que los 200.000 despidos de la administración pública sean como consecuencia de que sean personas fueron “ñoquis” o no trabajen. La política de “reducción de personal” está generando que haya más desempleados, personas que no en todos los casos podrán insertarse en el sector privado como es la expectativa del Gobierno. No todos son ñoquis, reiteramos, y el ideal de “Pobreza Cero” está lejos de verse plasmado en los hechos, siendo que desde diciembre, según índices de la Universidad Católica Argentina, la pobreza aumentó un 3 %, y hoy hay 13 millones de compatriotas en esta condición. Y aunque este Gobierno evite denominar “ajuste” a estas medidas impopulares, en los hechos es así, porque los argentinos tenemos que ajustarnos el cinturón para llegar a fin de mes y que con el mismo sueldo podamos hacer frente a la espiral inflacionaria.

No se trata aquí de desmerecer o no tener en cuenta los aciertos en la gestión del Presidente Macri, pero hasta el momento éstos resultan insuficientes para aliviar el bolsillo. La “pesada herencia recibida” que el mandatario hizo referencia en su discurso ante el Congreso es real, pero los argentinos que lo votaron y los que no, esperan que el equipo económico con que cuenta el macrismo comience a implementar medidas tendientes a mitigar la impresionante carga impositiva que cada uno debe afrontar, entre otras cuestiones acuciantes. El impuesto a los Bienes Personales, por ejemplo, es profundamente anacrónico y distorsivo, ya que empiezan a pagar aquellas personas físicas con un patrimonio de $ 300.000 (aproximadamente). Y con la cotización actual de los inmuebles, cualquier familia que tenga una vivienda modesta y un auto supera ese tope. Por lo tanto, la receta no debe ser “enfriar la economía”, ni subir las tasas de interés para que la gente ponga su dinero en Plazos Fijos y no se vuelque al dólar. Son medidas que pueden resultar efectivas a corto plazo, pero que no resuelven la cuestión de fondo. Necesitamos que nuestro dinero rinda lo suficiente para satisfacer las necesidades básicas, y si tenemos que retraer el consumo, ello perjudica también a todo el sector comercial. Es una cuestión de sentido común. Punto final.

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