LA VERDADERA DEMOCRACIA

Democracia no es sólo meter un sobre en una urna cada dos años. La verdadera democracia se construye día a día, con ejemplos de civismo y participación ciudadana. El respeto por los DD. HH. no es un mérito excluyente del actual modelo, que hizo mucho para garantizar los juicios a los genocidas de la Dictadura. Los Derechos Humanos fueron una bandera de Raúl Alfonsín, en los albores de la democracia moderna, con los Juicios a las Juntas. Alguien podrá decir rápidamente que el fallecido Presidente promovió las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final, pero no se repara en el hecho de que el Estado de Derecho era aún muy frágil y la amenaza de un golpe militar o de organizaciones vinculadas a la extrema izquierda aún persistía. Este editorial tiene como propósito reflexionar sobre cómo un Gobierno se apropia de causas o conquistas de todo un pueblo que fueron impulsadas por otros, inclusive en las antípodas del pensamiento político.

Uno quiere suponer (aunque a veces choquemos con la realidad), que cada cuatro años, cuando un nuevo Presidente asume la gestión, conforma un grupo de funcionarios preparados e idóneos. Y que la máxima autoridad del país los convoca no por ser simplemente amigos y por mero nepotismo, sino por su capacidad para resolver los problemas o las contingencias que vayan surgiendo. La nueva etapa que se avecina implica poner fin a un ciclo de 12 años de kirchnerismo, ciclo que podría continuar si Daniel Scioli es ungido Presidente y mantiene los “postulados” del modelo y del espacio político que lo cobijó.

Hace 32 años que recuperamos la democracia, pero sin embargo queda mucho por hacer. Porque, retomando lo expuesto más arriba, la democracia se construye todos los días. Del  mismo modo que, si se pierden los valores y los principios del sistema Republicano, se pueden desmoronar y erosionar día tras día. Punto final.