LA TRANSICIÓN HACIA 2015

Indagar en la génesis del clientelismo moderno es tarea compleja. Sería injusto atribuirle esta nefasta práctica a un determinado partido político, dado que hasta el momento, todos quienes nos han gobernado lo han hecho por igual. Comprar voluntades, comprar votos, es tan común que ya a nadie le asombra. En algunos casos de produce de un modo más alevoso y explícito, en otros da lugar a dudas. Sin embargo, la voluntad popular expresada a través del voto parece eximirnos de nuestra responsabilidad ciudadana, cuando no es así como funciona. A todos nos asiste el derecho de “peticionar ante las autoridades”, consagrado por la Constitución Nacional, pero nos da pereza ejercerlo, o sentimos que nuestro reclamo dormirá en el cajón del funcionario de turno.

Sin pretender ser alarmistas, estamos viviendo momentos de zozobra, situación que es reconocida por los propios referentes del oficialismo, como la ex Presidente del BCRA, Mercedes Marcó del Pont. El país ya no crece a “tasas chinas” como hace 8 años atrás, entramos en una recesión, y la inflación hace estragos en los bolsillos de los hogares más necesitados. Pero -y he aquí el detalle- no es algo nuevo, no es algo que no hayamos visto antes. ¿Será que los argentinos nos hemos acostumbrado a todo, a escuchar en silencio mientras el político que recién asume habla de la “pesada herencia recibida”? ¿Y qué hay entonces de la “herencia” que recibirán nuestros hijos y nuestros nietos? Sería bueno pensar en qué país le vamos a dejar a las generaciones futuras. Ya no importa si uno está a favor o en contra de este Gobierno (o de este modelo), sino que lo importante es que la transición hacia 2015 sea ordenada, en la medida de lo posible. Y que el próximo Presidente, sea cual fuere su ideología, se comprometa a devolvernos la esperanza de creer que podemos progresar sin antinomias ni enfrentamientos estériles.